Apóstoles de su gracia

Meditación de la Palabra · 27 de octubre de 2026

Meditación de la Palabra del 27 de octubre de 2026

martes, 27 de octubre de 2026

El matrimonio, levadura del Reino

martes de la XXX semana del tiempo ordinario

Lecturas del martes de la XXX semana del tiempo ordinario: Efesios 5, 21-33; Lucas 13, 18-21.

«Este sacramento es grande; yo lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia». El apóstol san Pablo ve en el amor de los esposos una imagen viva del amor de Cristo a su Iglesia. Por eso el matrimonio no es un contrato que cada uno pueda definir a su gusto.

Y porque es imagen de esa unión, el matrimonio tiene un orden. «El marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia». La mujer está sujeta a su marido como la Iglesia a Cristo. Hoy estas palabras escandalizan, pero son Palabra de Dios, y así las han enseñado siempre los santos. Santo Tomás de Aquino precisa que Cristo es cabeza no para su provecho, sino para el de la Iglesia, y que la sujeción es en todo lo que no vaya contra Dios.

Ese orden no es un dominio. El apóstol empieza diciendo: «Estad sujetos unos a otros en el temor de Cristo». Y al marido le pide lo más difícil: amar como Cristo, que se entregó por ella. San Juan Crisóstomo le dice: «Has visto la medida de la obediencia; escucha ahora la medida del amor». Y añade que, si hace falta, el marido ha de estar dispuesto a dar la vida por su mujer.

Cristo no eligió una esposa sin defectos. Crisóstomo recuerda que la Iglesia estaba manchada, y Cristo no la aborreció: se entregó por ella para purificarla. Así, el esposo cristiano busca la santidad de su mujer, y los dos se ayudan a llegar al cielo.

En el Evangelio, Jesús compara el reino de Dios con la levadura escondida en la masa. San Beda el Venerable dice que esa levadura es el amor, que enciende el corazón. Así crece el Reino en una familia cristiana: en silencio, con la fidelidad de cada día, la paciencia y la oración.

Crisóstomo lo vio bien: cuando los esposos están unidos, los hijos se educan bien, y su ejemplo hace bien a vecinos y parientes. Un matrimonio fiel es como el grano de mostaza: parece poca cosa, pero a su sombra se cobijan muchos.

Hermanos, defendamos el matrimonio tal como Dios lo quiso: un hombre y una mujer, para siempre y abierto a la vida. Que los esposos recen juntos, se confiesen y comulguen, apoyados en la gracia de su sacramento.

Señor Jesús, Esposo de la Iglesia, bendice nuestros matrimonios y nuestras familias, para que sean levadura de tu Reino en el mundo.

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