Apóstoles de su gracia

Meditación de la Palabra · 29 de octubre de 2026

Meditación de la Palabra del 29 de octubre de 2026

jueves, 29 de octubre de 2026

Bajo sus alas, a salvo

jueves de la XXX semana del tiempo ordinario

Lecturas del jueves de la XXX semana del tiempo ordinario: Efesios 6, 10-20; Lucas 13, 31-35.

«Revestíos de la armadura de Dios, para que podáis resistir las asechanzas del diablo». El apóstol san Pablo habla como un capitán antes de la batalla. Nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra el demonio y sus ángeles. El demonio existe, y nos hace la guerra.

San Juan Crisóstomo se fija en una palabra: asechanzas. Este enemigo no ataca de frente, sino con astucia. Nunca nos presenta el pecado con sus propios colores: lo disfraza y lo hace parecer razonable.

Por eso no basta con decir «Dios me protegerá». Santo Tomás de Aquino advierte que quien va desarmado a la guerra está en peligro, por mucho que el rey lo proteja. Cada uno debe poner lo que está de su parte, movido por la gracia de Dios. Y añade que cuanto más se le cede al diablo, más acosa.

¿Cuáles son las armas? La verdad, la justicia, la fe y la palabra de Dios. San Jerónimo dice que todas ellas son Cristo mismo: revestirse de la armadura de Dios es revestirse de Jesucristo. Con el escudo de la fe se apagan las flechas encendidas de la tentación. Santo Tomás recuerda que así venció el Señor al tentador en el desierto: con la Escritura.

En el Evangelio, unos fariseos avisan a Jesús de que Herodes quiere matarle. Él responde: «Id y decid a ese zorro…». San Beda el Venerable explica que lo llama zorro por su astucia, porque nunca anda por caminos rectos. Jesús no se deja asustar. San Cirilo de Alejandría precisa que sigue su camino por su propia voluntad, hasta la cruz.

Frente al zorro, Jesús se compara con el ave que reúne a sus polluelos bajo las alas. Beda nota que los zorros siempre acechan a las aves. Ese es nuestro refugio: Cristo. Pero hay que querer cobijarse en Él. «¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, y no quisiste!». Crisóstomo dice que repetir «Jerusalén, Jerusalén» es señal de un gran amor.

Hermanos, estamos en guerra, y no podemos vivir en la dejadez. Revistámonos de Cristo con la oración de cada día, la confesión frecuente y la Eucaristía. No hagamos tratos con la tentación. Y, como pide el apóstol, oremos en todo tiempo, no solo a ratos.

«Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate».

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