Apóstoles de su gracia

Meditación de la Palabra · 19 de octubre de 2026

Meditación de la Palabra del 19 de octubre de 2026

lunes, 19 de octubre de 2026

Ser rico para Dios

san Pedro de Alcántara

Lecturas del lunes de la XXIX semana del tiempo ordinario: Efesios 2, 1-10; Lucas 12, 13-21.

San Pablo recuerda a los efesios cómo vivían antes de conocer a Cristo: estaban muertos por sus delitos y pecados. Y añade: «También nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne». Así vive el hombre en pecado: esclavo de sus pasiones.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por el inmenso amor con que nos amó, cuando estábamos muertos por los pecados, nos dio vida juntamente con Cristo. Dios no esperó a que fuéramos buenos. Decidió salvarnos cuando estábamos en pecado.

«Por la gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no viene de vosotros, pues es don de Dios». La salvación nos llega por Cristo, y la recibimos por la fe. Pero san Pablo añade enseguida: «Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para las buenas obras que Dios preparó para que caminemos en ellas». La fe verdadera no se queda quieta. Camina.

En el Evangelio, un hombre pide a Jesús que su hermano reparta con él la herencia. Jesús no entra en el pleito y advierte: «Guardaos de toda avaricia, porque la vida de nadie está en la abundancia de lo que posee».

Y cuenta la parábola del rico que derriba sus graneros para construir otros mayores y se dice: «Alma, tienes muchos bienes guardados para muchísimos años; descansa, come, bebe, banquetea». Pero Dios le dice: «Necio, esta noche te piden tu alma; y lo que has preparado, ¿de quién será?».

«Así es el que atesora para sí y no es rico para Dios». Sus graneros se quedaron en la tierra, y él se presentó ante Dios con las manos vacías. Las riquezas de este mundo no cruzan la puerta de la muerte. La gracia, la fe y la caridad, sí. Por eso dice el Señor: «Haceos un tesoro en el cielo que no se agota, adonde no llega el ladrón ni la polilla lo destruye».

Ser rico para Dios es caminar en las obras que Él preparó para nosotros: la oración diaria, la Misa, la confesión frecuente, la limosna, el perdón al prójimo. Hermanos, examinemos dónde está nuestro tesoro, porque allí estará también nuestro corazón.

Celebramos hoy a san Pedro de Alcántara, consejero de santa Teresa de Jesús, que no tuvo nada en este mundo y fue inmensamente rico para Dios.

Que la Virgen María, pobre ante los hombres y llena de gracia ante Dios, nos enseñe a buscar las riquezas que no se pierden.

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