Apóstoles de su gracia

Meditación de la Palabra · 21 de octubre de 2026

Meditación de la Palabra del 21 de octubre de 2026

miércoles, 21 de octubre de 2026

Fieles hasta que Él vuelva

miércoles de la XXIX semana del tiempo ordinario

Lecturas del miércoles de la XXIX semana del tiempo ordinario: Efesios 3, 2-12; Lucas 12, 39-48.

Dios reveló a sus apóstoles un misterio escondido durante siglos: los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo. La salvación no se queda en el pueblo de Israel. Es para todos los pueblos. San Pedro lo comprendió en casa del centurión Cornelio. Y el apóstol san Pablo fue enviado a anunciarlo: es el apóstol de los gentiles.

El apóstol añade algo asombroso: «Por medio de la Iglesia, los principados y potestades del cielo conocen la multiforme sabiduría de Dios». Los mismos ángeles contemplan en la Iglesia la sabiduría de Dios. Judíos y paganos, que eran enemigos, forman ahora un solo cuerpo. La Iglesia no es poca cosa. Es el lugar donde se ve lo que Dios ha hecho en Jesucristo. O, al menos, eso debería ser. Las divisiones en la Iglesia y la tibieza de los cristianos que no viven conforme a lo que creen ocultan esa sabiduría.

En el Evangelio, Jesús advierte: «Si el dueño de casa supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría en vela». Habrá señales antes de su venida, pero nadie sabe la hora. Cristo volverá cuando nadie lo espere.

Pedro pregunta: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». Y Jesús habla del administrador fiel y prudente, al que el señor pone al frente de su casa para que reparta a su tiempo la ración de trigo. Ese administrador son, ante todo, los pastores de la Iglesia. Su autoridad es para servir y alimentar al pueblo de Dios. San Pablo fue ese administrador fiel: recibió una gracia y la repartió a todos los pueblos.

Pero hay otro siervo, que piensa: «Mi señor tarda en llegar». No niega que vuelva, pero vive como si no fuera a volver nunca. Esa es la tentación de muchos cristianos.

«A quien mucho se le dio, mucho se le reclamará». Los pastores han recibido mucho más, y se les pedirá mucho más: responderán ante Dios de las almas que se les confiaron. Pero también cada uno de nosotros dará cuenta de lo que ha recibido. Hermanos, recemos por nuestros pastores, para que sean fieles. Y seamos fieles también nosotros: vivamos en gracia de Dios y confesémonos a menudo, para que el Señor, cuando llegue, nos encuentre preparados.

Que la Virgen María, la esclava del Señor, fiel en todo lo que Dios le confió, nos enseñe a esperar su venida con el corazón preparado.

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